Verdaguer ha sido considerado un poeta épico, un poeta nacional, un poeta rústico, un cura del pueblo… Tenía, por lo tanto, mil y una caras, pero la dictadura se fijó en su versión conservadora y la agrandó para que su figura fuera el vínculo de una España unida. Según Torrents, esta es una visión muy empequeñecida y sesgada de quien fue, sobre todo, un poeta nacional: ‘Creó un imaginario colectivo para Cataluña con Canigó como poema fundacional y devolvió el catalán a la categoría de lengua literaria, cosa que no sucedía desde la época de Ramon Llull.’

Pero, ¿por qué el franquismo decidió de hispanizar a Verdaguer y no a otro poeta? Aparte del valor de identidad para los catalanes, él se había sabido poner junto a los pobres y, por lo tanto, era una figura estimada por todo el mundo, todo un icono. Su popularidad facilitaba la estrategia de convertirlo en ‘el poeta español de Cataluña’ y de usarlo para acercar el catalanismo conservador al proyecto de Franco. Esta voluntad fue patente cuando se acabó la guerra del 1936-1939 porque, pocos días después de la ocupación de Barcelona, el ejército franquista presentó la presa de Folgueroles como la ‘recuperación de un santuario nacional’. Incluso el noticiario semanal NO-DO dedicó un espacio.

Seguir leyendo